Nosotros

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primer viaje de Tomi

viernes, 19 de julio de 2013

Confesion de aparatosidades



La verdad es que soy una tipa muy sensata…  Hubo una época en la que reconozco, fui presa de ciertos vicios irracionales e ilógicos que nunca he confesado por nimios o sin asidero.
                Uno que mantuve hasta ya bien entrada la juventud, fue el secretísimo temor nacido seguramente en la tierna infancia, de que debajo de la cama se esconda alguien que nos agarre de la pata. Para evitar éste percance, pegaba un salto cuántico desde la mitad del cuarto y aterrizaba sana y salva en la cama, habiendo burlado así al supuesto asesino. Y aunque muy esporádicamente, confieso haberme descubierto alguna vez a los veintipico y treitipico… pegando un salto irracional y grotesco  para aterrizar con el corazón latiéndome a mil en la pobre cama, que crujía sorprendida ante tal arrebato. 
Otro vicio pasado y superado era el de caminar erguida y entrando la panza, sintiéndome casi elegante al pasar frente a una vidriera, para mirarme de reojos y constatar horrorizada, que la esbelta silueta se había transformado en una regordeta sudorosa que miraba de reojos…
Pero ya no. He madurado. Ya no distingo en mi quehacer cotidiano manías físicas importantes. Como decía, he madurado. Ahora me dedico a observarme.  A lo largo de mi vida, confieso que me he descubierto en posturas tan rígidas como ridículas. En manías mentales que me esclavizaban al dolor.  Me he victimizado, me he sentido juzgada, he juzgado y he sufrido. En la creencia por supuesto de que era una cuestión de tener las cosas claras, de ser inteligente y de tener criterio. Pero bueno. He trabajado mucho para detectar estas manías… He tratado de verlas, de ridiculizarlas, de soltarlas. He hecho tanto terapia tradicional como no tradicional. Por citar solo algunas, he indagado en las constelaciones familiares, alquimia mística, meditaciones hindúes y orientales, tratamientos metafísicos varios, enseñanzas de maestros elevados y demás …  Y me han resultado. Hoy me siento muchísimo más libre, más feliz. Mi vida fluye y estoy conectada con la abundancia del Universo. Hoy se que todos somos uno, que cada cosa que pasa en nuestra vida es un reflejo de nuestro interior. Conozco todos los pormenores de la ley de atracción que dirige nuestra realidad. Medito. Rezo.
Como decía al principio, soy una tipa sensata. Ya no creo tanto en mi criterio y trato de no tomar partido. Se que no hay enemigos sino maestros, que el prójimo es un reflejo de nosotros mismos, que todos estamos en el mismo camino y que tarde o temprano nos encontraremos en la cima….
Todo bien. Pero en éste aspecto debo confesar que aún creyendo fervientemente en todo lo enumerado, existe una persona a la que no puedo tolerar, ni comprender, ni asimilar. No encaja de ninguna manera en mi teoría y filosofía de vida. No hay meditación en la que la pueda abrazar. Me molesta y me enferma. Me da sarpullido de solo pensar en ella. En su ridiculez, en su aburridora mediocridad, en su estúpida tozudez.  En su falta de tacto, en su avidez por malentenderme, en su imperdonable inmadurez, su tilinguería, su ordinariez, su aberrante espíritu de competencia. En su falta de personalidad, su lamentable carencia de gusto y su escaza imaginación.
Y esa persona es mi suegra.
Y pensando en ella y en sus inexorables visitas me doy manija, me enojo, me enfurezco y salgo vergonzosamente de mi centro. Me siento invadida, me da taquicardia y se activan en mí mecanismos de defensa adormecidos por milenios de evolución. Desde que comienza a amenazar con venir empiezo a padecer el suplicio. Me dan retorcijones, me siento impotente, y me pongo rabiosa. Es como una sombra negra que se cierne sobre mi cabeza y que me aplasta, me atrapa, me tortura y me jode la vida. Se viene, se viene, se viene…  Y ahí llega tan contenta con sus valijitas llenas de cagadas y ridiculeces..(les dije que es una ridícula?) sus sonrisitas falsas, sus patitas cortas, su miradita miope y su sueño de superioridad… Y se instala, y se instala, se instala… y me ahoga. No se adónde ponerme. Habla, acota, molesta, respira, suspira.  Me saca.
Yo quiero mi paz, mi soledad, mis tiempos. Y ella que me persigue para hablar sus boludeces, para ponerse de modelo de vida, para hacerse la sofisticada. Para aburrirme con cuentos eternos de gente que ni conozco ni quiero conocer. Que no me importa.
Y a la mierda la filosofía, el amor, la unidad del género humano. En esos períodos me convierto en una leona enjaulada. Me transformo en una asesina serial, me la paso maquinando estrategias para provocar el accidente fatal que la saque del medio, que me ayude a preservar el resquicio de cordura que todavía queda en mi ser trastornado. Gradualmente voy olvidando los modales y reglas de buena educación.  La ignoro para no estrellarla contra el pavimento e ideo todo tipo de perradas para molestarla. Le pongo la traba y cuando cae aparatosamente pongo cara de circunstancia, hago gestos obscenos en su espalda, tiro hormigas en su valija, me como todo el helado para que no le quede nada, y si me mira con carita deseosa cuando pasa el heladero afirmo contundente que no comprare mas. No es saludable, afirmo y ella que se las da de sílfides se muerde la boca de impotencia. Me río. Cuando salimos a caminar, camino rápido para perderla, y ella que se hace la pendeja viene al trote para seguirme el ritmo. Y yo acelero sin piedad, sabiendo que la traigo al borde del sincope. No me importa. Cuando se está duchando, prendo distraídamente el agua fría de la cocina hasta que escucho el alarido y el resbalón. Uia, se quemó…  Como no tiene personalidad, (les dije?) ayuno. Porque se que si yo no ceno, ella no querrá cenar tampoco. Y con suerte muere de hambre…  Pero la cerda va y se atosiga con paquetes de galletitas que atesora en sus valijas llenas de hormigas. Con suerte le muerden la lengua, pienso. 
En fin. Sufro,  me incomodo y me torturo por el mes y pico que dura la visita… Toda una vida sin goce saludable.
Yo que había aprendido tanto, que había podido soltar tanto y que era tan feliz… Que estaba mas alla del bien y del mal, que todo me chupaba un huevo…  Y esta vieja viene y me caga la vida de esta forma. La puta que la pario. Así no se puede.




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