Nosotros

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primer viaje de Tomi

martes, 12 de noviembre de 2013

Querida Vieja



Pensé en vos ni bien Ine me incitó a pedir ayuda. Si, seguramente ella se refería a ayuda terrenal, concreta, física. O quizás no, no lo se. Si sé que pensé en vos, que ahora estás mezclada con la energía con lo que yo asocio a lo Divino, lo fundamental, lo que Es. Con la inteligencia universal. Porque para mi,  pedir verdadera ayuda es como rezar en profunda  fe de que la solución llegará. Es pedirle a quién realmente puede hacer algo y sabe que es lo mejor en cada momento.
Y entregarte éste  dolor de hoy confiando plenamente en tus manos,  pedirte a vos que me ayudes a ver, a encontrar la mejor forma y el mejor camino fue lo más concreto y práctico que se me ocurrió. La via mas directa para re encontrar la Paz.
Mamá que estás impresa en mi mente, en mi corazón, en cada una de mis células. Mis recuerdos primeros del mundo están asociados a tu mirada amorosa, a tu calor, a tu abrazo.  Te reconozco en mis actitudes y en mis sentires profundos. Sé que la mitad de lo que pienso, lo que siento, lo que soy, te lo debo. Como si ese cordón umbilical que me mantuvo atada a la vida durante los primeros meses se hubiera mantenido en el tiempo.
Mamá querida, tan humana y tan cerca de Dios. Quizás como todos. Que me enseñaste lo que sabías y creías con amor, condimento mágico que me ayuda hoy a superar todo lo que entendí mal, lo que no me sale, lo que pudiste haberme transmitido equivocadamente.  Y si bien fue para mi necesario y liberador desmenuzar con ojo crítico tus creencias, tus mandatos y tus enseñanzas, el lazo fundamental que nos une como mujeres, como lobas , como madre e hija sigue vivo, activo, intercambiado energías y registros. Saberes y verdades. Y me remonto a este único lazo que me ató a la vida. Y circulo por el sintiendo la energía de un alma que se animó a experimentar el mundo. Este mundo. Mientras recorro éste hilo fundamental me dejo acunar por la certeza de no estar sola, de traer conmigo un bagaje de saberes que me sostienen. Subo y subo por éste canal de energía pura, este entrelazado de genes que me atan en ésta tierra y me conectan al universo. Y sigo reconociendo situaciones y vivencias que dejaron impresos los sentimientos que hoy percibo luego incluso de años, de generaciones.
Y comprendo que no solo pensé en vos cuando pedí ayuda para superar éste trago, sino que también, siguiendo esta ruta genética  indestructible le pido a tu madre, a la abuela Lina, su coraje y entereza. Ella fue un ejemplo viviente para toda la familia de haber podido sortear la peor adversidad con una aceptación y fe inquebrantables. Quedó viuda de joven, con 11 hijos. El mayor de 18 y la menor de 4. Y salió adelante y murió de vieja rodeada de nietos que la adoramos y amamos.  Dejando el vivo testimonio de que todo es posible. De que si se sabe a Quien pedir ayuda, nunca estamos solos. Mientras escribo reafirmo desde lo más profundo que en efecto, éste canal primigenio sigue vivo y activo. Nos sigue comunicando con la raíz de lo que somos, con donde vinimos y con los que vienen detrás.
Agradezco que éste lazo que me sostiene sea todavía tan fuerte, tan poderoso, tan lleno de Fe y de confianza.  Es el que le recuerda a mis células que si puedo. Pero también comprendo que junto con tanta energía positiva, pueden estar circulando por él, todavía, duelos profundos, dolores abismales que  reviven con cualquier situación actual que se le parezca.
Y con amor y agradecimiento por todo lo bueno, limpio éste conducto fundamental de todo aquel dolor que puede haber quedado circulando. Para seguir recibiendo el amor a la vida pero no el dolor. No el abandono, no el sufrimiento.
Y así poder disfrutar del presente. Amar ésta vida hermosa. Ésta familia hermosa que hemos construido. Y no dramatizar, no sobre dimensionar la soledad o la incomodidad de hoy.
Y para terminar, como “detalle de color”, les cuento que luego de haber despertado con la idea de entregar la angustia, dejar que desde arriba me lo solucionen y me muestren el camino… Esta tarde mis pasos me llevaron a encontrarme en un parque con una chica de la zona, con dos hijos de la edad de Tomi, que siempre me pareció divina y macanuda. Siempre generando actividades sociales, grupos de gente…  Y a pesar de mis prejuicios de que “esta demasiado llena de cosas, tiene su vida super organizada, es una madre joven y activa y yo estoy en otra”, cuando nos despedimos me dijo con entusiasmo “cuando quieras vengan a casa, mándame un texto y pasen”….
ZAZ………..¿tan rápido se estarán haciendo cargo allá arriba de mi vida social???...

Una historia de cucarachas



Si, ésta es una historia de cucarachas. Pero no me mal interpreten. Ya se que estarán arrugando la nariz mientras piensan: “Puaajjjj…..cucarachas…” y se imaginarán a esos bichos marrones brillantes, resbalosos y movedizos que les gusta meterse en los lugares mas oscuros de la cocina para robarse bocadillos incomibles que la escoba no alcanzó a barrer.  O también pensarán en aquellas otras que se acomodan cerca del baño, para alimentarse quién sabe de que asquerosidad que por allí encontrarán. Pero no. Estas cucarachas de las que hoy voy a hablar, eran de una estirpe bien diferente. Eran una antigua familia de cucarachas viajeras. Cucarachas educadas.
 Tenían cuatro apellidos porque, como casi nadie de su especie, llevaban un preciso registro de su árbol genealógico, para no olvidarse de sus ancestros. Eran la familia Gonzáles Figueroa Rodriguez Mendieta, y gozaban de cierta reputación entre los de su pueblo. Además hablaban muy correctamente y vestían con elegancia y pulcritud. Razones de más para distinguirlos de sus vecinos. 
La mamá de la familia se llamaba doña Irupé y usaba aros de perla y zapatitos rosas cada vez que religiosamente, todos los domingos a la mañana salían para misa. El papá se llamaba Don Gervasio, y tenía bigotes y una panza respetable para un caballero de alta categoría. Y los dos hijitos eran Lola y Lalo, dos niños a los que daba gusto verlos tan prolijitos y bien educados.
 Vivían en un gran hueco detrás de una baldosa floja del bajo mesada de la cocina grande, al que habían amoblado con el mejor gusto. Tenían una enciclopedia de 100 volúmenes de la Real Academia Cucaracha  a la que don Gervasio acudía cada noche para interiorizarse de diversos asuntos de importancia. Y así, durante sus conversaciones con amigos y parientes, siempre podía sorprenderlos con nuevas ideas o reflexiones que los dejaban pensando. Doña Irupé asentía orgullosa y Lalo y Lola lo miraban llenos de admiración. Cuando fueran grandes querían ser tan sabios como su papá.
La vida de la familia Gonzáles Figueroa Rodriguez Mendieta transcurría por aquel entonces con relativa tranquilidad y confort. Pero sucedió que un día los inquilinos de la cocina grande decidieron colocar a pocos pasos de la puerta de su casa, un mortal artefacto que don Gervasio había tenido ocasión de conocer antes de la gran masacre de la que salió con vida por un pelo. Desde afuera parecía un especie de galpón espiralado de lo más atractivo. Incluso despedía un aroma irresistible  que invitaba a ingresar a sus túneles. Pero él sabía que fuera lo que fuese que había adentro, no sería nada bueno,  porque había visto con sus propios ojos como amigos y conocidos salían de él arrastrándose para morir a los pocos pasos.  El, por aquél entonces, no había podido ir a investigar como el resto  por culpa de un resfrío que lo mantuvo en cama por una semana entera. Al tiempo de la gran tragedia que aquel vistoso galpón ocasionó, comprendió que probablemente este detalle lo mantuvo con vida. Porque hasta entonces nadie se explicaba a que se debía la muerte fulminante que arrasaba con la población. Cada uno de los miembros del pueblo, salvo don Gervasio,  fue atraído por la novedad de los túneles para luego morir inexorablemente en lo que por mucho tiempo se recordó como la gran masacre. 
Por eso puso el grito en el cielo ni bien se dio cuenta que se trataba del mismo tipo de amenaza. Comenzó a gritar como un desaforado para alertar a la población, que lo miraba con cierta reprobación. Porque no está bien visto entre las cucarachas andar gesticulando o alzando la voz de semejante manera. Un vecino sentencioso, que siempre le habían tenido un poco de envidia por su aparente superioridad y sus aires de caballero, maneando la cabeza sentenció: “Ya decía yo, tanto leer la enciclopedia lo iba a terminar enloqueciendo…” Otro, envalentonado por el giro que habían tomado las circunstancias dijo con aire de superado: “Pero por favor… Don Gervasio… no nos pongamos extremistas… hoy en día las cosas han cambiado. Ya no vivimos en la era paleozoica…”  Otro acotó, punzante: “Pero no ven que lo dice porque quiere ser él el primero que conoce los túneles  y luego venir a dar cátedra con sus conocimientos...”.  “Siempre llamando la atención…” se escuchó  en un murmullo mal disimulado. “Se trata en realidad de un circo moderno, no ven la forma aerodinámica de la entrada” Aseguró categórico un cucaracho que veía poco, pero gustaba de convencer al resto de que las cosas eran como el decía que eran. Siguiendo la línea de semejante argumento, otro mas imaginativo agregó: “Es en realidad un parque de diversiones. Yo tengo un primo que una vez estuvo en uno y me contó que se tiraba por túneles negros y lustrosos hasta una pileta llena de golosinas…”. “Golosinas!!” Exclamaron los mas chicos. “Parque de diversiones!” Repitieron los mas aburridos…. E imagínense el revuelo que se armó en el pueblo. En medio de una vida chata, aburrida y predecible, ocurría el milagro. Se armó tal alboroto que todos comenzaron a saltar y a vitorear enloquecidos por semejante suerte. Y a mirar con desprecio y resentimiento a la familia Gonzáles Figueroa Rodriguez Mendieta.
Don Gervasio y su familia no podían creer lo que escuchaban. Nunca les había sucedido que su palabra fuera desoída o directamente menospreciada de esa manera. El golpe de semejantes cuestionamientos les pegó fuerte, pero no amedrantó el espíritu  de la familia que de alguna manera se sentía responsables de los destinos del pueblo. Don Gervasio decidió confeccionar carteles  y signos de peligro en la entrada, para alertar de la trampa mortal.  Instaló además un palco en la plaza central desde el cual se apoltronó noche y día a pregonar sobre los peligros del extremo de curiosidad y necedad del género cucaracho.
Doña Irupé trató de convencer a su grupo de señoras cucarachas amigas para que hicieran entrar en razones a sus familias. Organizó un té de caridad en el que repartió folletos recordatorios de la gran masacre y las similitudes de los túneles espiralados.
Lalo se puso su casco de bombero, empuño su espada del zorro y se instaló en las proximidades de la entrada para impedir que nadie penetrara en ella. Esto le valió varios duelos casi a muerte con algunos de sus amigos, muchos empujones, rasguños y pedrazos. Al fin, descorazonado, se tuvo que ir a refugiar a su casa y ver salir borrachos y casi sin vida a varios  de sus amigos del nefasto laberinto. Y Lola, que era demasiado chiquita para hacer nada, se puso a llorar a lágrima viva porque sabía que algo muy malo estaba pasando.
Fue un día terrible. Muchos cayeron en la trampa. Inconscientes, orgullosos  o demasiado empecinados, hicieron caso omiso a todos consejos y recaudos de la familia Gonzáles Figueroa Rodriguez Mendieta.   Muy pocos les creyeron e hicieron caso desde el primer momento. Hubieron otros que aunque no estuvieron del todo de acuerdo con la prédica de don Gervasio, no se animaron a entrar primeros y luego de constatar la suerte de los más aventureros, desistieron. 
Fue un día terrible. Pero a partir de entonces pasaron tres cosas importantes. Una que don Gervasio se ganó  el verdadero respeto y admiración de sus congéneres, y esto lo lleno de orgullo. Dos, que entendió que está bien avisar, pero que no se puede convencer a los otros por la fuerza de ninguna cosa por mas verdadera que sea, porque el destino de cada uno es seguir su propio camino,  y la tercera es que a partir de aquél día entre las cucarachas, cuando quieren decir que alguien murió dicen “se fue al parque de diversiones…”

Las Hadas Madrinas



Esta es la historia de Marita, un hada olvidadiza. Y cuando digo olvidadiza, quiero decir que se olvidaba de todo todo. No un poquito. Todo. Esto le ocasionaba todo tipo de inconvenientes,  molestias y por supuesto, burlas.
Todos saben que las hadas para volar necesitan polvo de hadas y que para nunca quedar varadas en ningún sitio mantienen varios escondites de emergencia para el preciado polvillo en diferentes partes de su atuendo. Uno es la cabeza de la varita mágica, otro el talón de sus zapatitos, otro las perlas de sus aros… Y asi podía seguir nombrando lugares, ya que estos seres son extremadamente ocurrentes.
Pues bien, ¿que creés que le pasaba a Marita cada dos por tres? Que se olvidaba de re cargar sus escondites y en el momento menos pensado perdía velocidad, perdía velocidad… hasta que caía al suelo  y allí quedaba medio aplastada por la caída y la bronca que le daba darse cuenta que una vez más, su memoria la había traicionado. 
Se olvidaba adónde había dejado sus zapatitos y tenía que salir volando en pantuflas, para carcajada de las demás hadas, que en general son muy prolijas y atentas a la moda.
Se olvidaba de cuando tenía clase de baile, del picnic semanal de las hadas, de regar las flores de su jardín que siempre estaban marchitas y tristes.  
Pero lo que es más grave de todo, es que se olvidaba de las fechas importantes que cualquier hada debería recordar para cumplir razonablemente bien su trabajo. Por ejemplo de los cumpleaños de sus ahijados. Y esto no era un olvido cualquiera, sino el olvido mas grave en el que un hada podía incurrir, ya que tradicionalmente sus cumpleaños los ahijados le pedían a su hada madrina sus deseos y ella se los realizaba.  Pero los pobres ahijados de Marita nunca conseguían realizarlos. Se   quedaban esperando que su hada madrina apareciese por horas, sollozando y lamentándose  a escondidas por vergüenza a que los mayores se rieran de ellos. Pasaron muchos cumpleaños solitarios y tristes  hasta que al final decidieron no creer más en las hadas. Y eso era una verdadera tragedia. Porque como todos saben, cuando los niños dejan de creer creen en las hadas, éstas desaparecen…
Por eso, al tercer cumpleaños de ahijado que Marita olvidó, el Hada Principal  del clan organizó un concilio de emergencia para discutir que podrían hacer con ésta situación. No podían seguirse arriesgando a la memoria de Marita, era una cuestión de vida o muerte. Pero tampoco la querían dejar de lado porque, al fin y al cabo, era una de ellas. Así que decidieron que a las 6 de la tarde  se reunirían todas en el campanario, que era el punto mas alto del pueblo de Hadas, y por lo tanto el más mágico.  Armaron una ronda de Hadas madrinas para deliberar y decidir sobre la grave situación. Allí estaban todas, menos por supuesto Marita que había olvidado el lugar de encuentro y llegó media hora tarde muy agitada, toda colorada y nerviosa.
El Hada Principal la miró con tristeza. Otras menos pacientes, con reprobación y las más jóvenes ahogaron una carcajada que la pobre Marita sintió como una puñalada en el corazón.
¿Porque siempre tenía que estar dando la nota… porqué no podía ser un hada normal, prolija y atenta, como el resto?  Se lamentó  consternada. NO era falta de voluntad ni malos sentimientos. Ella quería ser buen hada. Pero su imaginación la traicionaba ya que cualquier cosa, por más chiquita que fuera la distraía y la sumergía en aventuras o historias imaginarias que la separaban del mundo real. Un bichito de luz volando, de pronto le recordaba a un meteorito surcando un cielo lleno de estrellas y de ahí se iba en cohete hasta un planeta lejano para descubrir un mundo increíble. Y así pasaba horas perdiendo el tiempo en tonterías, como le decían las otras hadas y se iba olvidando de todo lo demás.
-Hola Marita, la saludó el Hada Madrina Principal. Acá estamos discutiendo que hacer para ayudarte a recordar lo que tenés que hacer… Marita la miró con una chispa de esperanza en los ojos, quizás entre tantas hadas sabias lograran encontrar una solución para su drama existencial. Porque para un Hada no poder ser buen Hada es una cuestión de vida o muerte.
-Pero la verdad es que no nos ponemos de acuerdo. Reconoció. Las hadas son muy directas, y no se andan con pelos en la lengua. Por eso la siguiente que habló fue un hada medio vieja y amargada que le dijo directamente:
-El problema es que creemos que no tenés remedio. Sabemos que has tratado de ser mas normal, de poner atención a las cosas importantes… pero no has logrado demasiado, francamente… Marita bajó la cabeza, muerta de vergüenza y pena. El hada tenía razón y el problema mayor era que ni ella misma tenía fé en una solución para su problema. Había perdido las esperanzas.
Las hadas mas jóvenes la miraron nerviosas. Era verdad que se reían de ella, pero la querían y no les gustaba verla así, las cosas se están poniendo feas. Pero Marita era valiente. Sabía bien que si ella seguía olvidando todo, pocas esperanzas había que recordara los cumpleaños de sus ahijados. Y si ellos seguían dejando de creer en las hadas podría en peligro a toda la población.
-Lo mas justo sería que me desmadrinen… cualquier otra hada podría hacer el trabajo mejor que yo… Terminó con un susurro tan triste que hasta al hada mas vieja y amargada se le partió el corazón. Todas sabían que el hada que pierde a su ahijado desaparece porque ya no tiene mas razón de ser. Nadie quería eso para Marita, pero aunque se estrujaban el cerebro tratando de encontrar opciones, no parecía haber otra opción.
En lo más tenso del momento, y cuando ya parecía que no existía ninguna otra solución se oyó una tosecita muy débil y un:
- Yo tengo una idea que tal vez resulte… El resto de las hadas abrieron los ojos sorprendidas. La que había hablado era doña Violeta, un hada muy viejita que todos pensaban que era sorda o muda, porque rara vez se la oía. Nunca opinaba ni parecía tener demasiadas ideas. Solo se la veía sonreír como ausente de las urgentes temáticas a las que solían abocarse. En cambio se dedicaba a cuidar el jardín y allí si se podía ver su magia en todo su esplendor. Sus rosas eran una gloria de ver de lo brillantes y  llenas de pétalos vibrantes. Sus jazmines blanquísimos impactaban de solo mirarlos,  y su aroma inundaba el jardín logrando que quién por el pasease, se transportara a un lugar de paz y felicidad inacabable. Los colores, aromas y texturas de sus plantas, pastos y flores eran una fiesta, un remanso de alegría.  Pero por lo demás, todas hubieran jurado que no era demasiado inteligente.
-¿Si doña Violeta?, por favor hable que la escuchamos con atención. Contestó educadamente el Hada Principal.
-A mi me pareció observar que Marita se distrae porque tiene una imaginación tan rica que no puede concentrarse en las cosas prácticas. (El resto de las hadas arquearon las cejas intrigadas. No se les había ocurrido ver las cosas desde ese punto de vista)
-Y si la obligáramos a domesticar su mente para recordar las cosas que a nosotros nos parecen importantes… quizás con esfuerzo y algunos pases mágicos lo lograríamos… pero sería una lástima… Ya que nunca podríamos ver en todo su esplendor lo que su imaginación sería capaz de lograr…
-Es un punto de vista muy interesante… Concedió el Hada Principal… ¿Pero como podríamos juntar su gran talento con las necesidades de un hada? Todas sabemos que sus olvidos están causando problemas  importantes…
-¿Y si en lugar de mantenernos rígidamente en las reglas ancestrales ampliáramos un poquito la entrega de los dones de las hadas? Preguntó doña Violeta con una sonrisa radiante, y luego continuó explicando:
-Quiero decir que si en lugar de acotar los deseos solo al día del cumpleaños de los ahijados, la dejáramos a Marita usar su imaginación para crear historias para regalarle a sus ahijados, quizás lográramos un equilibrio perfecto.
Marita abrió los ojos tan grandes que pareció que estarían por saltar de su cara en cualquier minuto. La idea le pareció genial y la potencia de la emoción que ésta le causó la hizo llorar. Llorar de alegría. Porque con esas simples palabras había pasado de sentirse un hada fracasada a un hada especial, con un don especial para entregar a sus ahijados. Esto lo cambiaba todo.
El resto de las hadas se miraron entre sorprendidas y aliviadas. Todavía no tenían muy claro como ésta idea podría evolucionar, pero las salvaba de tomar una decisión que seguramente lamentarían en el futuro. Y les daba una esperanza.
- Pues bien, ¡que así sea! Exclamó insegura el Hada Principal.
Y ni bien pronunció estas palabras Marita estalló en carcajadas de alegría y en sollozos de felicidad.
-¡Tengo una gran idea! ¡Escribiré las historias más maravillosas para regalarles a mis ahijados! Ellos así entenderán que su hada no los ha olvidado. Que existimos, que la magia es parte de sus vidas… Y se fue corriendo a su nido de hadas con la cabeza fluyendo de ideas geniales, maravillosas.
Escribió y escribió las mas maravillosas historias. Las lleno de su magia, de polvo de hadas, de buenos deseos. Y luego de muchos días de trabajo adornó las hojas de cuentos con los dibujos mas hermosos y brillantes que pudo inventar. Encuadernó sus páginas con hilos de emoción y selló las tapas con lágrimas de alegría. Y marcho presurosa a entregarle el regalo a sus ahijados.
Se las leyó una a una despacito,  mientras los niños dormían. Con su voz de hada madrina llena de orgullo y de amor, se las contó varias veces para que no las olvidaran cuando despertaran, ni nunca.
Los niños nunca supieron porqué a partir de aquel día se sintieron tan queridos y especiales y porqué de pronto sintieron tanto amor por las historias maravillosas. Cuando crecieron publicaron un libro hermoso y lleno de magia con historias que hasta el día de hoy los chicos leen, e inspira toda clase de películas y canciones. Los niños eran los hermanos Grimm, y cuenta la gente que los conoció durante su vida, que nunca pudieron entender cómo personas que parecían haber tenido una infancia con tan poca magia ni aventuras, habían podido crear historias infantiles tan maravillosas…

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Filosofando en grande



A raíz de mi último escrito, en el que  enumeraba algunos de los “pros” o ventajas de vivir en Buenos Aires, se me despertó la veta filósofa. Así que acá sigo recapacitando, recordando y entendiendo el proceso de aprendizaje en el cuál me he embarcado.  Y estas son algunas de las conclusiones a las que he arribado:
Creo que me vine a Australia a terminar de hacerme cargo de mi vida. Sin ningún tipo de ayuda, sin ningún privilegio, sin atenuantes.  Ya había empezado el proceso de hacerme cargo de mi vida hacía años, desde el accidente, cuando el mundo se me dio vuelta y quedé en pelotas. Yo y mi alma para decidir seguir o quedarme. Para apostar a meterle para adelante o dejar que la vida me arrastre hacia la orilla, hacia el medio del torbellino, o al fondo.  Creo que sin mucha consciencia y con gran Ayuda, mi Ser fue eligiendo, fue haciendo, fue re armándose.  A los tropezones, a las atropelladas, a los barquinazos. Como sea, fui volviéndome a parar, fui re aprendiendo a caminar y a dar pasos. Pasaron muchos años, muchas cosas, mucha gente. Parecía que ya estando casada, con una vida posible y un camino transitable ahí me instalaría. Pero no. Todavía había mucha insatisfacción,  mucho por aprender, mucha necesidad de movimiento.
Y de un día para otro, tirado de los pelos y casi por arte de magia apareció la gran oportunidad que nos movilizó. Venir a Australia con trabajo para mi marido. Nos trasladaban a nosotros y a nuestros perros… Todo que dejar, todo que apostar… Pero la necesidad de movimiento fue mas fuerte y  no pudimos resistirnos a la oferta. Organizamos la mudanza en un mes, cerramos la casa de Esquel para ponerla a la venta y nos vinimos. 
No estaba en mis planes el enorme esfuerzo que esta movida ocasionó. Físico, espiritual y mental. Enorme. Hoy, sabiendo lo que implicó, conozco que no podría volver a hacerlo. En su momento no lo tuve en cuenta  y me mandé con cuerpo y alma a la gran aventura.   Dejé todo en la cancha. Todo. Tanta energía  gasté que hasta resucitó el bicho que yacía adormecido en la cadera luego de aquella primera infección que dejó el accidente, 20 años atrás.
Como dije al principio. Hoy creo que me vine a Australia a terminar de hacerme cargo de mi vida, sin ninguna ayuda. Porque si bien pensaba que en Argentina tampoco nadie me ayudaba, el sistema mismo está diseñado para hacerle la vida mas fácil a un sector de la población en el que tuve la suerte de nacer.  NO me refiero a un grupo selecto que veranea en los lugares mas conchetos y se viste con la mejor ropa, no. Sino a los integrantes de clase media normal, que pudimos completar una educación secundaria, terciaria y a veces universitaria, que contamos con un monto de dinero suficiente para vivir razonablemente bien (y digo poder comer, pagar el alquiler de una vivienda, ir al cine de vez en cuando, ir a tomar un café, a comer afuera y cosas así).
Por pertenecer a éste grupo de gente, contaba con ciertos lujos o privilegios a los que tomaba como naturales. Privilegios en los que mi alma se había recostado y que necesitó desprenderse porque lamentablemente, involucraban a otros que yo no veía.
Por ejemplo el privilegio de tener ayuda en la casa. Aunque no diaria, siempre tuve el privilegio de contar con una ayuda de unas horas semanales para esos trabajos que no me gustaban y se me iban acumulando en el fragor de los días. En cuatro o 5 horas la mujer que me ayudaba podría hacer limpieza de vidrios, lustrada de pisos, limpieza profunda de baños…  Y yo me distendía. Sabía que esos trabajos que ocupaban tiempo y energía podía dejarlos y hacer otras cosas mas divertidas.  Le pagaba siempre un poco mas de lo que se pagaba en general y este gesto tranquilizaba mi conciencia. Hoy, cuando recuerdo particularmente esa última chica que me ayudaba en Esquel , madre soltera y terminando su profesorado de letras mientras trabajaba como una leona para mantener a su bebe, me da vergüenza.  Quisiera poder volver el tiempo atrás y darle una mano, pagarle mejor,  recibirla con la casa mas ordenada… 
Acá en Australia el tiempo humano se paga muy bien y al minuto.  Se puede pedir ayuda, pero es un intercambio de energía justo y equitativo. Yo, si quisiera volver a descansar mis responsabilidades en alguien como lo hacía en Argentina, tendría que pagarlo tan bien que no podría hacerlo. Aprendí a trabajar de verdad, sin paliativos. Como dice mi amiga Ae, que por esas cosas de la vida también termino en Australia (ella vive en Sydney), “hace bien hacerse cargo de nuestra propia mugre”. Y si, pienso yo, en verdad es terminar de hacerse cargo de nuestra vida, de eso que por aburrido, molesto o hincha en Argentina prefería patear para que me lo haga otro.
Lo mismo me pasa con las compras en el supermercado.  Tampoco puedo ordenar alegremente que me lo envíen a domicilio y venirme muy chocha a casa a esperarlo. NO señor. Si quiero  elegir la comida y traérmela fresquita y en el momento… lo tengo que hacer yo. Sino podría hacerlo por internet pero pagaría muchísimo mas caro y además luego tendría que aceptar los turnos y horarios disponibles de los que se encargan de la distribución. El tiempo del otro se tiene en cuenta. No hay un sector de la población que esté dispuesto a salir corriendo para solucionar la urgencia del otro. Que esté para eso.
Otro ejemplo: Siempre tuvimos perros. Nos encantan, nos acompañan, nos llenan la vida.  Siempre fueron parte de nuestra familia. Pero en Argentina me daba el lujo de sacarlos a correr en lugares poco poblados en donde no pudieran molestar demasiado a otros. Aunque si de vez en cuando ladraban de mas,  o se trenzaban con algún perro desprevenido… y bue… me valía alguna corrida, unos gritos y mas o menos arreglaba la cosa…  Y a poner onda che!  Tampoco era para tanto… (para mi manera de verlo, no se si para el dueño del otro perro,  o quien fuera que se hubiera sentido molesto por mi jauría correteando libremente).
Aca son todos muy “per friendly”… y hay lugares especiales tipo plazas de perros   adonde se puede ir a entretener a los canes… pero de largarlos a corretear libremente por ahí… ¡ni soñando!!   A los perros hay que sacarlos a caminar en lo posible diariamente, pero con cadena. Salvo en la playa adonde  las leyes no son tan rigurosas por no ser terreno municipal. Hay que juntar sus necesidades. Hay que cuidar que no molesten a vecinos ladrando, porque en ese caso ellos pueden denunciarte y tenés que resolver el asunto o el municipio toma medidas drásticas, que van desde cortarle las cuerdas vocales hasta sacarte el perro, si no entras en razones.  Todas regulaciones súper estrictas y aterradoras para mi mirada de recién llegada, a las nos tuvimos que acostumbrar. Que me costaron un huevo de digerir y que en el fondo me obligaron a realmente hacerme cargo de mis perros, de mis gustos, de mis formas de vivir.
Nací en un país en donde la estructura misma de la sociedad y mi condición socio cultural me evitaban hacerme completamente cargo de mi vida. En lo de poner el cuerpo para mantener una vida en funcionamiento. En donde sin siquiera advertirlo, me apoyaba en la energía de otros, en la paciencia de otros, en la “inferioridad” de otros. Demasiadas veces,  en los otros que no tuvieron  opciones, ni oportunidades ni medios y que probablemente nunca las tendrán.  Ahora que lo veo en retrospectiva,  creo que lo que me impedía hacerme cargo de mi vida con todas las letras no era el hecho de pedir ayuda, de apoyarme en otros para ciertas cosas. Eso es natural, bueno y saludable. Pero lo nocivo para mí era que estaba basado en una  desigualdad que me detenía, me separaba y me intranquilizaba profundamente. Porque si bien era “barato” en lo económico tener a una mucama que se hiciera cargo de mi mugre, o no me costaba nada pedirle al muchacho del súper que me traigan las compras porque me daba fiaca cargar con ellas, o parecía no tener consecuencias mis desatinos en la convivencia social delatada por mi falta de control sobre mis perros…  no era gratis el intercambio energético basado en desigualdades de derechos, por así decirlo.
 Mi alma salvaje, mi alma niña, no estaba del todo cómoda con ésta situación. Necesitó un cambio radical para poder limpiarse del peso que cada una de éstas transacciones fue acumulando en ella.  Y para madurar, hasta convertirme en una mujer y en una madre. Sobre todo para poder aceptar el desafío de ser madre y todo lo que ello implica.
Y Australia fue éste cambio. Un país de gente orgullosa de sí misma. Que creen en el trabajo como forma de realización personal. En dónde todos tienen su espacio asegurado y saben que sus límites serán respetados. En donde las leyes y regulaciones abruman… pero también ordenan y protegen.
Para instalarme aquí dejé todo en la cancha. Dejé a la Paz niña que salió de Argentina, la Paz de los privilegios.  Me costó, me cuesta, la sigo luchando. Pero agradecida, feliz de saber que éste cambio físico es también un cambio profundo en lo espiritual. En el reconocimiento de los demás como iguales, como hermanos, como partes de mí misma.