Esta es la
historia de Marita, un hada olvidadiza. Y cuando digo olvidadiza, quiero decir
que se olvidaba de todo todo. No un poquito. Todo. Esto le ocasionaba todo tipo
de inconvenientes, molestias y por
supuesto, burlas.
Todos saben
que las hadas para volar necesitan polvo de hadas y que para nunca quedar
varadas en ningún sitio mantienen varios escondites de emergencia para el
preciado polvillo en diferentes partes de su atuendo. Uno es la cabeza de la
varita mágica, otro el talón de sus zapatitos, otro las perlas de sus aros… Y
asi podía seguir nombrando lugares, ya que estos seres son extremadamente
ocurrentes.
Pues bien,
¿que creés que le pasaba a Marita cada dos por tres? Que se olvidaba de re
cargar sus escondites y en el momento menos pensado perdía velocidad, perdía
velocidad… hasta que caía al suelo y
allí quedaba medio aplastada por la caída y la bronca que le daba darse cuenta
que una vez más, su memoria la había traicionado.
Se olvidaba
adónde había dejado sus zapatitos y tenía que salir volando en pantuflas, para
carcajada de las demás hadas, que en general son muy prolijas y atentas a la
moda.
Se olvidaba
de cuando tenía clase de baile, del picnic semanal de las hadas, de regar las
flores de su jardín que siempre estaban marchitas y tristes.
Pero lo que
es más grave de todo, es que se olvidaba de las fechas importantes que
cualquier hada debería recordar para cumplir razonablemente bien su trabajo.
Por ejemplo de los cumpleaños de sus ahijados. Y esto no era un olvido
cualquiera, sino el olvido mas grave en el que un hada podía incurrir, ya que
tradicionalmente sus cumpleaños los ahijados le pedían a su hada madrina sus
deseos y ella se los realizaba. Pero los
pobres ahijados de Marita nunca conseguían realizarlos. Se quedaban esperando que su hada madrina apareciese
por horas, sollozando y lamentándose a
escondidas por vergüenza a que los mayores se rieran de ellos. Pasaron muchos
cumpleaños solitarios y tristes hasta
que al final decidieron no creer más en las hadas. Y eso era una verdadera
tragedia. Porque como todos saben, cuando los niños dejan de creer creen en las
hadas, éstas desaparecen…
Por eso, al
tercer cumpleaños de ahijado que Marita olvidó, el Hada Principal del clan organizó un concilio de emergencia
para discutir que podrían hacer con ésta situación. No podían seguirse arriesgando
a la memoria de Marita, era una cuestión de vida o muerte. Pero tampoco la
querían dejar de lado porque, al fin y al cabo, era una de ellas. Así que
decidieron que a las 6 de la tarde se
reunirían todas en el campanario, que era el punto mas alto del pueblo de Hadas,
y por lo tanto el más mágico. Armaron
una ronda de Hadas madrinas para deliberar y decidir sobre la grave situación.
Allí estaban todas, menos por supuesto Marita que había olvidado el lugar de
encuentro y llegó media hora tarde muy agitada, toda colorada y nerviosa.
El Hada Principal
la miró con tristeza. Otras menos pacientes, con reprobación y las más jóvenes
ahogaron una carcajada que la pobre Marita sintió como una puñalada en el
corazón.
¿Porque
siempre tenía que estar dando la nota… porqué no podía ser un hada normal,
prolija y atenta, como el resto? Se
lamentó consternada. NO era falta de
voluntad ni malos sentimientos. Ella quería ser buen hada. Pero su imaginación
la traicionaba ya que cualquier cosa, por más chiquita que fuera la distraía y
la sumergía en aventuras o historias imaginarias que la separaban del mundo
real. Un bichito de luz volando, de pronto le recordaba a un meteorito surcando
un cielo lleno de estrellas y de ahí se iba en cohete hasta un planeta lejano
para descubrir un mundo increíble. Y así pasaba horas perdiendo el tiempo en
tonterías, como le decían las otras hadas y se iba olvidando de todo lo demás.
-Hola
Marita, la saludó el Hada Madrina Principal. Acá estamos discutiendo que hacer
para ayudarte a recordar lo que tenés que hacer… Marita la miró con una chispa
de esperanza en los ojos, quizás entre tantas hadas sabias lograran encontrar
una solución para su drama existencial. Porque para un Hada no poder ser buen
Hada es una cuestión de vida o muerte.
-Pero la
verdad es que no nos ponemos de acuerdo. Reconoció. Las hadas son muy directas,
y no se andan con pelos en la lengua. Por eso la siguiente que habló fue un
hada medio vieja y amargada que le dijo directamente:
-El
problema es que creemos que no tenés remedio. Sabemos que has tratado de ser
mas normal, de poner atención a las cosas importantes… pero no has logrado
demasiado, francamente… Marita bajó la cabeza, muerta de vergüenza y pena. El
hada tenía razón y el problema mayor era que ni ella misma tenía fé en una
solución para su problema. Había perdido las esperanzas.
Las hadas
mas jóvenes la miraron nerviosas. Era verdad que se reían de ella, pero la
querían y no les gustaba verla así, las cosas se están poniendo feas. Pero
Marita era valiente. Sabía bien que si ella seguía olvidando todo, pocas
esperanzas había que recordara los cumpleaños de sus ahijados. Y si ellos
seguían dejando de creer en las hadas podría en peligro a toda la población.
-Lo mas
justo sería que me desmadrinen… cualquier otra hada podría hacer el trabajo
mejor que yo… Terminó con un susurro tan triste que hasta al hada mas vieja y
amargada se le partió el corazón. Todas sabían que el hada que pierde a su
ahijado desaparece porque ya no tiene mas razón de ser. Nadie quería eso para
Marita, pero aunque se estrujaban el cerebro tratando de encontrar opciones, no
parecía haber otra opción.
En lo más
tenso del momento, y cuando ya parecía que no existía ninguna otra solución se
oyó una tosecita muy débil y un:
- Yo tengo
una idea que tal vez resulte… El resto de las hadas abrieron los ojos
sorprendidas. La que había hablado era doña Violeta, un hada muy viejita que
todos pensaban que era sorda o muda, porque rara vez se la oía. Nunca opinaba
ni parecía tener demasiadas ideas. Solo se la veía sonreír como ausente de las
urgentes temáticas a las que solían abocarse. En cambio se dedicaba a cuidar el
jardín y allí si se podía ver su magia en todo su esplendor. Sus rosas eran una
gloria de ver de lo brillantes y llenas
de pétalos vibrantes. Sus jazmines blanquísimos impactaban de solo
mirarlos, y su aroma inundaba el jardín
logrando que quién por el pasease, se transportara a un lugar de paz y
felicidad inacabable. Los colores, aromas y texturas de sus plantas, pastos y
flores eran una fiesta, un remanso de alegría.
Pero por lo demás, todas hubieran jurado que no era demasiado
inteligente.
-¿Si doña
Violeta?, por favor hable que la escuchamos con atención. Contestó educadamente
el Hada Principal.
-A mi me
pareció observar que Marita se distrae porque tiene una imaginación tan rica
que no puede concentrarse en las cosas prácticas. (El resto de las hadas
arquearon las cejas intrigadas. No se les había ocurrido ver las cosas desde
ese punto de vista)
-Y si la
obligáramos a domesticar su mente para recordar las cosas que a nosotros nos
parecen importantes… quizás con esfuerzo y algunos pases mágicos lo
lograríamos… pero sería una lástima… Ya que nunca podríamos ver en todo su
esplendor lo que su imaginación sería capaz de lograr…
-Es un
punto de vista muy interesante… Concedió el Hada Principal… ¿Pero como podríamos
juntar su gran talento con las necesidades de un hada? Todas sabemos que sus
olvidos están causando problemas importantes…
-¿Y si en
lugar de mantenernos rígidamente en las reglas ancestrales ampliáramos un
poquito la entrega de los dones de las hadas? Preguntó doña Violeta con una
sonrisa radiante, y luego continuó explicando:
-Quiero
decir que si en lugar de acotar los deseos solo al día del cumpleaños de los
ahijados, la dejáramos a Marita usar su imaginación para crear historias para
regalarle a sus ahijados, quizás lográramos un equilibrio perfecto.
Marita
abrió los ojos tan grandes que pareció que estarían por saltar de su cara en
cualquier minuto. La idea le pareció genial y la potencia de la emoción que
ésta le causó la hizo llorar. Llorar de alegría. Porque con esas simples
palabras había pasado de sentirse un hada fracasada a un hada especial, con un
don especial para entregar a sus ahijados. Esto lo cambiaba todo.
El resto de
las hadas se miraron entre sorprendidas y aliviadas. Todavía no tenían muy
claro como ésta idea podría evolucionar, pero las salvaba de tomar una decisión
que seguramente lamentarían en el futuro. Y les daba una esperanza.
- Pues
bien, ¡que así sea! Exclamó insegura el Hada Principal.
Y ni bien
pronunció estas palabras Marita estalló en carcajadas de alegría y en sollozos
de felicidad.
-¡Tengo una
gran idea! ¡Escribiré las historias más maravillosas para regalarles a mis
ahijados! Ellos así entenderán que su hada no los ha olvidado. Que existimos,
que la magia es parte de sus vidas… Y se fue corriendo a su nido de hadas con
la cabeza fluyendo de ideas geniales, maravillosas.
Escribió y
escribió las mas maravillosas historias. Las lleno de su magia, de polvo de
hadas, de buenos deseos. Y luego de muchos días de trabajo adornó las hojas de
cuentos con los dibujos mas hermosos y brillantes que pudo inventar. Encuadernó
sus páginas con hilos de emoción y selló las tapas con lágrimas de alegría. Y
marcho presurosa a entregarle el regalo a sus ahijados.
Se las leyó
una a una despacito, mientras los niños
dormían. Con su voz de hada madrina llena de orgullo y de amor, se las contó
varias veces para que no las olvidaran cuando despertaran, ni nunca.
Los niños
nunca supieron porqué a partir de aquel día se sintieron tan queridos y especiales
y porqué de pronto sintieron tanto amor por las historias maravillosas. Cuando
crecieron publicaron un libro hermoso y lleno de magia con historias que hasta
el día de hoy los chicos leen, e inspira toda clase de películas y canciones.
Los niños eran los hermanos Grimm, y cuenta la gente que los conoció durante su
vida, que nunca pudieron entender cómo personas que parecían haber tenido una
infancia con tan poca magia ni aventuras, habían podido crear historias
infantiles tan maravillosas…
-
No hay comentarios.:
Publicar un comentario