Nosotros

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primer viaje de Tomi

martes, 12 de noviembre de 2013

Las Hadas Madrinas



Esta es la historia de Marita, un hada olvidadiza. Y cuando digo olvidadiza, quiero decir que se olvidaba de todo todo. No un poquito. Todo. Esto le ocasionaba todo tipo de inconvenientes,  molestias y por supuesto, burlas.
Todos saben que las hadas para volar necesitan polvo de hadas y que para nunca quedar varadas en ningún sitio mantienen varios escondites de emergencia para el preciado polvillo en diferentes partes de su atuendo. Uno es la cabeza de la varita mágica, otro el talón de sus zapatitos, otro las perlas de sus aros… Y asi podía seguir nombrando lugares, ya que estos seres son extremadamente ocurrentes.
Pues bien, ¿que creés que le pasaba a Marita cada dos por tres? Que se olvidaba de re cargar sus escondites y en el momento menos pensado perdía velocidad, perdía velocidad… hasta que caía al suelo  y allí quedaba medio aplastada por la caída y la bronca que le daba darse cuenta que una vez más, su memoria la había traicionado. 
Se olvidaba adónde había dejado sus zapatitos y tenía que salir volando en pantuflas, para carcajada de las demás hadas, que en general son muy prolijas y atentas a la moda.
Se olvidaba de cuando tenía clase de baile, del picnic semanal de las hadas, de regar las flores de su jardín que siempre estaban marchitas y tristes.  
Pero lo que es más grave de todo, es que se olvidaba de las fechas importantes que cualquier hada debería recordar para cumplir razonablemente bien su trabajo. Por ejemplo de los cumpleaños de sus ahijados. Y esto no era un olvido cualquiera, sino el olvido mas grave en el que un hada podía incurrir, ya que tradicionalmente sus cumpleaños los ahijados le pedían a su hada madrina sus deseos y ella se los realizaba.  Pero los pobres ahijados de Marita nunca conseguían realizarlos. Se   quedaban esperando que su hada madrina apareciese por horas, sollozando y lamentándose  a escondidas por vergüenza a que los mayores se rieran de ellos. Pasaron muchos cumpleaños solitarios y tristes  hasta que al final decidieron no creer más en las hadas. Y eso era una verdadera tragedia. Porque como todos saben, cuando los niños dejan de creer creen en las hadas, éstas desaparecen…
Por eso, al tercer cumpleaños de ahijado que Marita olvidó, el Hada Principal  del clan organizó un concilio de emergencia para discutir que podrían hacer con ésta situación. No podían seguirse arriesgando a la memoria de Marita, era una cuestión de vida o muerte. Pero tampoco la querían dejar de lado porque, al fin y al cabo, era una de ellas. Así que decidieron que a las 6 de la tarde  se reunirían todas en el campanario, que era el punto mas alto del pueblo de Hadas, y por lo tanto el más mágico.  Armaron una ronda de Hadas madrinas para deliberar y decidir sobre la grave situación. Allí estaban todas, menos por supuesto Marita que había olvidado el lugar de encuentro y llegó media hora tarde muy agitada, toda colorada y nerviosa.
El Hada Principal la miró con tristeza. Otras menos pacientes, con reprobación y las más jóvenes ahogaron una carcajada que la pobre Marita sintió como una puñalada en el corazón.
¿Porque siempre tenía que estar dando la nota… porqué no podía ser un hada normal, prolija y atenta, como el resto?  Se lamentó  consternada. NO era falta de voluntad ni malos sentimientos. Ella quería ser buen hada. Pero su imaginación la traicionaba ya que cualquier cosa, por más chiquita que fuera la distraía y la sumergía en aventuras o historias imaginarias que la separaban del mundo real. Un bichito de luz volando, de pronto le recordaba a un meteorito surcando un cielo lleno de estrellas y de ahí se iba en cohete hasta un planeta lejano para descubrir un mundo increíble. Y así pasaba horas perdiendo el tiempo en tonterías, como le decían las otras hadas y se iba olvidando de todo lo demás.
-Hola Marita, la saludó el Hada Madrina Principal. Acá estamos discutiendo que hacer para ayudarte a recordar lo que tenés que hacer… Marita la miró con una chispa de esperanza en los ojos, quizás entre tantas hadas sabias lograran encontrar una solución para su drama existencial. Porque para un Hada no poder ser buen Hada es una cuestión de vida o muerte.
-Pero la verdad es que no nos ponemos de acuerdo. Reconoció. Las hadas son muy directas, y no se andan con pelos en la lengua. Por eso la siguiente que habló fue un hada medio vieja y amargada que le dijo directamente:
-El problema es que creemos que no tenés remedio. Sabemos que has tratado de ser mas normal, de poner atención a las cosas importantes… pero no has logrado demasiado, francamente… Marita bajó la cabeza, muerta de vergüenza y pena. El hada tenía razón y el problema mayor era que ni ella misma tenía fé en una solución para su problema. Había perdido las esperanzas.
Las hadas mas jóvenes la miraron nerviosas. Era verdad que se reían de ella, pero la querían y no les gustaba verla así, las cosas se están poniendo feas. Pero Marita era valiente. Sabía bien que si ella seguía olvidando todo, pocas esperanzas había que recordara los cumpleaños de sus ahijados. Y si ellos seguían dejando de creer en las hadas podría en peligro a toda la población.
-Lo mas justo sería que me desmadrinen… cualquier otra hada podría hacer el trabajo mejor que yo… Terminó con un susurro tan triste que hasta al hada mas vieja y amargada se le partió el corazón. Todas sabían que el hada que pierde a su ahijado desaparece porque ya no tiene mas razón de ser. Nadie quería eso para Marita, pero aunque se estrujaban el cerebro tratando de encontrar opciones, no parecía haber otra opción.
En lo más tenso del momento, y cuando ya parecía que no existía ninguna otra solución se oyó una tosecita muy débil y un:
- Yo tengo una idea que tal vez resulte… El resto de las hadas abrieron los ojos sorprendidas. La que había hablado era doña Violeta, un hada muy viejita que todos pensaban que era sorda o muda, porque rara vez se la oía. Nunca opinaba ni parecía tener demasiadas ideas. Solo se la veía sonreír como ausente de las urgentes temáticas a las que solían abocarse. En cambio se dedicaba a cuidar el jardín y allí si se podía ver su magia en todo su esplendor. Sus rosas eran una gloria de ver de lo brillantes y  llenas de pétalos vibrantes. Sus jazmines blanquísimos impactaban de solo mirarlos,  y su aroma inundaba el jardín logrando que quién por el pasease, se transportara a un lugar de paz y felicidad inacabable. Los colores, aromas y texturas de sus plantas, pastos y flores eran una fiesta, un remanso de alegría.  Pero por lo demás, todas hubieran jurado que no era demasiado inteligente.
-¿Si doña Violeta?, por favor hable que la escuchamos con atención. Contestó educadamente el Hada Principal.
-A mi me pareció observar que Marita se distrae porque tiene una imaginación tan rica que no puede concentrarse en las cosas prácticas. (El resto de las hadas arquearon las cejas intrigadas. No se les había ocurrido ver las cosas desde ese punto de vista)
-Y si la obligáramos a domesticar su mente para recordar las cosas que a nosotros nos parecen importantes… quizás con esfuerzo y algunos pases mágicos lo lograríamos… pero sería una lástima… Ya que nunca podríamos ver en todo su esplendor lo que su imaginación sería capaz de lograr…
-Es un punto de vista muy interesante… Concedió el Hada Principal… ¿Pero como podríamos juntar su gran talento con las necesidades de un hada? Todas sabemos que sus olvidos están causando problemas  importantes…
-¿Y si en lugar de mantenernos rígidamente en las reglas ancestrales ampliáramos un poquito la entrega de los dones de las hadas? Preguntó doña Violeta con una sonrisa radiante, y luego continuó explicando:
-Quiero decir que si en lugar de acotar los deseos solo al día del cumpleaños de los ahijados, la dejáramos a Marita usar su imaginación para crear historias para regalarle a sus ahijados, quizás lográramos un equilibrio perfecto.
Marita abrió los ojos tan grandes que pareció que estarían por saltar de su cara en cualquier minuto. La idea le pareció genial y la potencia de la emoción que ésta le causó la hizo llorar. Llorar de alegría. Porque con esas simples palabras había pasado de sentirse un hada fracasada a un hada especial, con un don especial para entregar a sus ahijados. Esto lo cambiaba todo.
El resto de las hadas se miraron entre sorprendidas y aliviadas. Todavía no tenían muy claro como ésta idea podría evolucionar, pero las salvaba de tomar una decisión que seguramente lamentarían en el futuro. Y les daba una esperanza.
- Pues bien, ¡que así sea! Exclamó insegura el Hada Principal.
Y ni bien pronunció estas palabras Marita estalló en carcajadas de alegría y en sollozos de felicidad.
-¡Tengo una gran idea! ¡Escribiré las historias más maravillosas para regalarles a mis ahijados! Ellos así entenderán que su hada no los ha olvidado. Que existimos, que la magia es parte de sus vidas… Y se fue corriendo a su nido de hadas con la cabeza fluyendo de ideas geniales, maravillosas.
Escribió y escribió las mas maravillosas historias. Las lleno de su magia, de polvo de hadas, de buenos deseos. Y luego de muchos días de trabajo adornó las hojas de cuentos con los dibujos mas hermosos y brillantes que pudo inventar. Encuadernó sus páginas con hilos de emoción y selló las tapas con lágrimas de alegría. Y marcho presurosa a entregarle el regalo a sus ahijados.
Se las leyó una a una despacito,  mientras los niños dormían. Con su voz de hada madrina llena de orgullo y de amor, se las contó varias veces para que no las olvidaran cuando despertaran, ni nunca.
Los niños nunca supieron porqué a partir de aquel día se sintieron tan queridos y especiales y porqué de pronto sintieron tanto amor por las historias maravillosas. Cuando crecieron publicaron un libro hermoso y lleno de magia con historias que hasta el día de hoy los chicos leen, e inspira toda clase de películas y canciones. Los niños eran los hermanos Grimm, y cuenta la gente que los conoció durante su vida, que nunca pudieron entender cómo personas que parecían haber tenido una infancia con tan poca magia ni aventuras, habían podido crear historias infantiles tan maravillosas…

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