Serás un ser de extremos. Vivirás
tu vida al máximo de sus posibilidades. Sabrás lo que es el dolor mas profundo
y renacerás de tus cenizas. Buscarás la plenitud desde el abismo de tus dudas y
dolores. No te conformarás con un destino intermedio.
Un día de desasosiego, idearás
una manera poética de justificar tu existencia. Tu descabellada supervivencia.
Recordarás tu sueño. Tu anhelo. Rememorarás que, antes de que todo se precipite
y tuvieras que cambiar el rumbo de tu vida, la intención de ser escritora había
comenzado a tomar fuerza en tu alma. La ilusión de crear nuevos mundos, de
ampliar realidades, de transportar a lectores a aventuras lejanas. Que los
diviertan, que los entretengan, que les deje algo.
Todavía en las tinieblas, reflexionarás sobre la manera de
lograrlo. Te conectarás con un maestro especializado en realizar sueños. Te
sorprenderás cuando el maestro escuche tu caso, te mire a los ojos y
simplemente te diga. Casi te ordene. Escribí un libro. Te justificarás, dirás
que no tenés experiencia, que no tenés idea, que no tenés editor que te
publique. En fin, dirás que la verdad es que vos no sos escritora. Y el maestro te volverá a mirar y te dirá,
impertérrito. Vos escribí el libro, yo tengo un editor, un corrector y todo lo
necesario. Y te dejará así, a la deriva de tus miedos y tus imposibilidades.
Pero aún así, entre sorprendida e insegura empezarás una
historia. Sin mucho mas que una idea tan fugaz y escurridiza que es casi
inexistente. Es el comienzo de una idea, una loca fantasía, un sueño que ni te
animás a acariciar. Pero te permitirás soñar. Imaginarás como sería si, de
pronto, vieras aparecer a tu hermano Pedrito sonriente y feliz. Y te dijera que
en realidad no había muerto, ni él ni tus padres. Sino que habían descubierto
un nuevo mundo, cayendo por accidente en una cueva de peludo, de esas que en el
campo se encuentran a cada rato.
Así es como medio jugando,
medio esperando un milagro inasible, te largarás a escribir una novela. Porque
claro, siendo un ser tan grandilocuente, tan extremo, no te andarás con
términos medios. No querrás escribir un cuento corto, mediocre, sin futuro.
Sino una gran novela. Tan espectacular, tan exitosa y entretenida que te
catapulte al éxito indiscutible. Contarás la historia de Pedrito descubriendo
un nuevo mundo, viviendo una aventura que les cambiará la vida. Querrás que
Pedrito se convierta ni más ni menos, que en el Harry Potter pampeano. Un mago
transmutador de la gran pena que todavía te embarga.
Y con la valentía que
da la total inconciencia, empezarás a escribir. Y con la tozudez que te dará tu
herencia vasca, seguirás y seguirás. Te darás cuenta que no estás muy segura de
cómo llenar tantas páginas, te perderás en descripciones detalladas de lugares,
de escenas. Con total ignorancia. Que difícil que es escribir tan largo, no
perder la coherencia, la idea, te lamentarás. En realidad ni siquiera
aprendiste bien las reglas ortográficas, ni que decir de las construcciones
literarias mas elaboradas. Sabrás que tu texto lo delata .Pero aún así ahí
estarás, muy determinada, escribiendo tu novela. Inventando lo que salga,
improvisando… Por momentos sabrás que el texto se pone tedioso, reiterativo. En
otros, tocarás atisbos de ideas brillantes. Te reirás de giros impensados de tu
propia prosa que, página a página verás enriquecerse y ampliarse. Encontrarás, luego de casi naufragar en la
monotonía de capítulos interminables, un ritmo. Y la trama se irá armando. La
historia irá encontrando un cauce. Contarás las páginas que se irán acumulando.
Aprenderás muchísimo, será un curso intensivo de literatura práctica. Te
faltaran herramientas, pero no te amedrantarás y cerraras la historia que se fue
formando mientras escribías, con el correr de los días.
Y así tu borrador tendrá una primera corrección ortográfica
y gramatical. Reescribiendo la novela notarás que los errores son enormes,
aberrantes. Cientos de yerros y desatinos que corregirás con obstinación. Solo
la fé de tu maestro, que reflejará la fé que te tendrás a vos misma, te
sostendrá y te impulsará a seguir. A terminar la tarea, a llegar a la meta. El
título de tu novela llevará el nombre de Pedrito. Y la profecía del principio
del mundo. Rematarás con entusiasmo. Quién dijo que el mundo está por terminar
si ni siquiera ha comenzado. Te explicarás categóricamente.
Y luego vendrán días confusos, amontonados. Viajarás a Buenos Aires para organizar los
pormenores de la impresión. Los dibujos, las formas. No habías pensado en nada
de eso. Te aventurarás a un mundo desconocido, que nunca habías imaginado. La
comercialización, la distribución, la venta. El editor estará dispuesto a
imprimirlo, pagando la edición, lógicamente. Luego podría llegar a colocarlos
en las librerías. Aunque tendrá sus reparos, sabrá de las dificultades de
colocar un libro de un autor desconocido en el mercado. El detalle no te
detendrá, ya eso será otro tema, a ver en otro momento. Te gustará el desafío,
la aventura. El precio no será un obstáculo, podrás acceder a la impresión de
tu obra. Aunque en algún rincón de tu alma sabrás que todavía no está
lista, el momento parecerá ser el
indicado. Así se darán las cosas y te dejarás llevar. Algo te dirá que vale la
pena intentarlo. Y llegará el día de la presentación, harás una gran fiesta a
la que invitarás a familiares y amigos. La asistencia será abrumadora, te
sentirás feliz y realizada. Disfrutarás
del logro, agradecerás otra vez tu suerte, a la vida. Todos comprarán fiel y
prolijamente, un ejemplar. Te felicitarán. Esto será un verdadero pan comido,
pensarás eufórica. De aca al estrellato.
Pero luego vendrá el tema de comercializarla, gran problema
que interferirá entre vos y tu meta. Sin experiencia alguna, te propondrás distribuir
tu novela en todas las librerías de Buenos Aires y del país. Entrarás en una,
dos, tres, con el libro en la mano y la mejor sonrisa. Te enterarás de que los
autores no distribuyen sus libros personalmente, que hay una cadena de
distribución que hay que seguir… Por otro lado las librerías, observarás, no
colocan cualquier libro en primera fila. Los visibles, los que cautivan el ojo
del cliente, los que llaman la atención de los transeúntes, son los que se venden
por sí solos. Porque los autores son conocidos, porque están de moda, porque
son geniales. Tu pobre Pedrito se te estrujará entre los dedos, se te hará un
nudo en la garganta y te sentirás una vendedora berreta mientras tratarás de
convencer a un impaciente director de ventas de una librería de buen nombre, que
vale la pena hacerse de algunos ejemplares. -No gracias, no nos interesa, te
contestará con una sonrisa de plástico, y te dará vuelta la cara. Vos te
quedarás petrificada, tratando de desatarte como puedas aquél nudo imposible
que se habrá formado en tu garganta. Desharás tus pasos, volverás a la casa de
tu hermana en Palermo, que te habrá
recibido heroicamente tanto a vos como a los mil ejemplares que habrás
publicado.
Alguien te dirá,
colaborador, que justo están armando la feria del libro infantil. Que esa será
una gran oportunidad para tu Pedrito. Y allí irás, con el corazón palpitante y tratando
de enterrar en lo mas profundo el miedo mortal al rechazo. Los puestos se
estarán armando, y encontrarás a libreros optimistas y abiertos a una semana de
grandes ventas. Encararás a uno, es grande, un nombre conocido. Para bajar la
puntería hay tiempo, recapacitarás. Te
presentarás al jefe que está en aquel momento organizando los estantes. Te
mirará con simpatía, algo le dirá que puede ser… Quién sabe, probar no cuesta
nada. Y con una sonrisa agarrará diez libros y te deseará suerte… Diez!! Y
pondrá algunos en primera fila! TE dirá que pases el domingo a ver como fue.
Falta una semana, pensarás orgullosa. Con semejante posición y los miles y miles de visitantes de la feria,
Pedrito tendrá todas las de ganar. Y envalentonada volverás a preguntar en uno,
y en otro. Dos o tres te lo toman de buena gana, te desean suerte y prometen
que lo tendrán a la vista. Te irás del
predio ilusionada. El sueño volverá a tomar forma. Misión cumplida.
El próximo domingo enfilarás ilusionada a la feria. En tu cabeza desfilarán mil preguntas ¿Habrán
alcanzado los 30 ejemplares que dejaste desparramados? ¿Se habrán vendido muchos? ¿Habrán sido lo
suficientemente atractivos? ¿Ya los lectores estarán sumergidos en la aventura
que has creado? ¿Les estará gustando? Llegarás
a la feria que es un hormiguero de gente, colas de compradores apretujados, un
marketing desconocido y desmoralizante desviará tu mirada hacia vistosos
ejemplares de todo tipo de temas infantiles, formas, colores. Se te volverá a
encoger el corazón, no estarás segura de
haber estado a la altura de semejante despliegue. O mas bien, sabrás que tu
creación no es tan atractiva como el resto. Así, con el alma en un hilo,
recorrerás uno a uno los pasos hasta la primera librería, la posición más
prometedora. Encontrarás al gerente y te presentas con una sonrisa tan débil
como tu esperanza. Al cabo de algunos segundos eternos, parecerá reconocerte y
sin piedad alguna te confirmará que no se ha vendido ningún ejemplar. ¿Ninguno?
Repetirás perpleja. Ninguno. Te devolverá los diez libros y recorrerás
destrozada el resto de los puestos. La misma historia se repetirá. Tomarás tus
creaciones y caminarás erguida, lo mas erguida que puedas, hasta la entrada.
Saldrás caminando rapidísimo, corriendo, huyendo del catastrófico final de la
aventura. Una bocanada de aire fresco te aliviará, te sostendrá. Entrarás al
auto y te dirigirás como una autómata a la casa de tu hermana. Allí te
refugiarás del fracaso, del cachetazo que te dio Buenos Aires.
Tu hermana no estará. Entrarás igual, te acurrucarás en la
cama del cuartito de huéspedes. Llorarás amargamente. Levantarás la vista y
mirarás un cuadro que siempre te perturbó. En realidad no es un cuadro. Es un
dibujo y una lista que elaboró el mismo Pedrito tiempo antes del
accidente. Enmarcado por tu hermana.
Allí detallaba su plan de vida, lo que anhelaba tener y ser, con un detalle
conmovedor y preciso. Ese esbozo de tu
hermano ido, siempre te daría una profunda pena por lo que no pudo ser, por lo
que quedó trunco. Y ese día te aferrarás a aquel cuadro y llorarás a grito
pelado, hasta quedarte ronca. Te quedarás
dormida.
Los días que seguirán serán terribles, llenos de trajín
desesperado, de afiebradas elucubraciones. No te resignarás a que no te vean,
que no te escuchen, a fracasar estrepitosamente. No te resignarás a que Pedrito
quede trunco. Mientras te queden energía seguirías luchando, buscando la manera
de obtener el triunfo. Te contactarás con una tía lejana que es escritora, ella
te explicará su experiencia en el rubro, que hay que hacer y qué no. Lástima no
haber sabido antes de todo esto, volverás a lamentarte. Su visión de la forma
de proceder no coincidirá con tu estilo, ni con tu sueño, ni tu imagen de lo
que querrías ser. Pero ella es escritora y bastante buena, razonarás. Le darás
un ejemplar para que te de ideas de como promocionarlo, promoverlo y mejorarlo.
Te citará luego de unos días para darte el veredicto fatal. La novela es una
reverenda cagada, te dirá sin disimulos. Inconsistente, sin hilo, sin
estructura, desprolija. Te asegurará que si querés ser exitosa en el rubro,
tendrás que disponerte a trabajar fuerte, a aprender, a leer cosas buenas (te
vendería uno de sus libros, para darte un ejemplo), a promocionarte con método
y constancia, a trabajar día a dia para construir tu imagen. Te ofrecerá
contactarte con gente que te enseñe. Pero tendrás que comprometerte a escribir
unas 30 o 40 páginas por día… Será todo demasiado brutal, demasiado fuerte.
Pero no lo que te dirá tu tía a quién le darás la razón, sino toda la aventura
de Pedrito y su deslucido desenlace. Le agradecerás y te irás, te irás, te irás…
Caminarás por las calles de Buenos Aires con amargos pensamientos de fracaso,
recordarás las peores escenas de tu vida. Evocarás la imagen de tu primo
segundo, aquel con el que te habías peleado terriblemente durante tu viaje por Centroamérica,
diciéndote que eras superficial y liviana. Cabeza hueca, incoherente. Que si
realmente querías ser escritora deberías dedicarte a leer a los serios, a los
grandes. A Kafka, a Dostovyesky… no basuras new age como lo que te habías
acabado de comprar.
Te dormirás una y otra vez con una sensación de desasosiego,
de saber que estás perdiendo el punto de la cuestión. Trabajarás como leona en
una distribución manual, artesanal, de cuantos ejemplares puedas colocar.
Seguirás recorriendo negocios, te sugerirán quiscos y también probarás suerte. Ésta
te será esquiva una vez más y tras una amplia distribución por cientos de
quiscos de Buenos Aires, no venderás ni un ejemplar. No te detendrás. Darás con
una agente de prensa que se apiadará de vos, o de tu desesperación y te organizará
de onda varias entrevistas. Te llamarán de una radio de Buenos Aires, aparecerá
tu libro en un par de revistas de buena circulación. Darás algunas charlas, que
odiarás. Algunas presentaciones en diversos lugares, repartirás ejemplares por
doquier. Trabajarás, viajarás, harás lo que te digan los que saben.
Consciente de que la solución será reescribir tu libro con
mas razón y mesura, te contactarás
con otros maestros expertos en letras y en almas. Querrás corregirte, empezar
de nuevo. Te darán buenos consejos, te abrirán puertas a otra sabiduría, a otro
conocimiento. Entenderás muchas cosas, no todo. No lo mas importante, todavía.
Pero sentirás una urgencia total de corregirte, de hacer borrón y cuenta nueva.
Intentarás un último esfuerzo desesperado. Querrás reescribir la historia completa
ahora. Ya. Pedirás ayuda, que será brindada con prontitud y consideración.
Pelearás con vos misma, con tu obra, con tu incapacidad de mejorarla a la
altura de tus expectativas. Tratarás, te frustrarás, te agotarás. Hasta que un día te hartarás de todo el circo
y tu cuerpo, tu alma y tu mente dirán basta. Decidirás dejar todo en el olvido.
A otra cosa mariposa.
Y mientras muchos
ejemplares quedarán abandonados en librerías de todo el país, otros cientos en
una biblioteca de tu casa del campo, vos te dedicarás a vivir la aventura que
inició Pedrito al caer por la cueva de peludo. Y se abrirá la tierra y caerás,
caerás, caerás. Te dejarás llevar y conocerás otro mundo, del otro lado de la
tierra. Otra cultura, otro lenguaje y otras reglas del juego. Y te dedicarás a
vivir a fondo esta nueva aventura. Te enfrentarás con los más profundos miedos
de tu alma, pelearás guerras fundamentales de las que saldrás victoriosa.
Tendrás un hijo, tan lindo como tu hermano Pedrito. Te llenará de amor y de
besos. Mirarás a la vida de otra manera.
Y con el tiempo te
darás cuenta del total sentido de tu sueño y del éxito final de tu aparente
fracaso.